Marlango, el grupo formado por la actriz Leonor Watling, el trompetista Oscar Ybarra y el pianista Alejandro Pelayo dejaron un sabor agridulce a sus seguidores, que abarrotaron el Palacio de Congresos de la Castellana, en un concierto musicalmente más que bueno pero en el que faltó complicidad con un público algo frío al que le costó implicarse en el cocierto.
El concierto, previsto para las 21:30 comenzó con media hora de retraso ya que el espectáculo contó con un aperitivo que no aparecía en el menú, Lonely Joe. El tal Lonely (‘solo’ en inglés) se presentó ante las 2000 personas que abarrotaban el recinto con su guitarra y un sintetizador y con su pop entre Coldplay y U2 arrancó los aplausos del público que a la salida buscaba con ahínco su CD en los puestos de merchandising.
Tras el aperitivo, se sirvió el plato principal, a las 22:00 en punto se apagaron los focos y la profunda voz en off de Óscar definía en inglés las dos palabras que dan título al segundo álbum de Maralngo: Automatic Imperfection. Aún a oscuras apareció el grupo por el escenario y, sin mediar palabra, las luces se encendieron y con una gran ovación comenzó el concierto.
Los tres “marlangos” se presentaron vestidos con los colores del disco aunque con evidentes diferencias entre los chicos y la chica: ellos con camiseta y pantalones negros con un aspa roja, ella, de negro también, parecía una princesa gótica con un espectacular vestido escotado de gasa negra que contrastaba con unas deslumbrantes botas rojas.
Hace mucho que Marlango ha pasado de ser el proyecto paralelo de una actriz, Leonor Watling, para convertirse en un proyecto con personalidad propia, su pop noctámbulo y jazzero ha conseguido llegar a gran parte del público a pesar de estar editado en un sello independiente, Subterfuge y de salirse de los cánones habituales en una época en que ‘triunfitos’ y ‘reaggetones’ copan las listas de ventas.
Con el peso de ese éxito sobre la espalda y algo cortados por tocar en su ciudad, “somos tímidos pero buenas personas” diría Leonor, comenzaron el concierto mostrando el lado más melancólico y nocturno del grupo, lo cual no consiguió conectar con un público demasiado ‘cool’, que más que participar de un concierto parecía estar escuchando el disco en el salón de su casa.
“Estamos nerviosos porque están nuestros amigos y nuestras madres viéndonos”, se justificó Leonor, pero el problema más que del grupo o del público era del recinto; la grandilocuencia del Palacio de Congresos y la prohibición de fumar en él no casa con la música de Marlango, a los que uno imagina siempre tocando en un pequeño club lleno de humo.
Sin embargo si el público tardó en entrar en calor, en el aspecto musical no se le pude poner ninguna pega al concierto, se nota que el grupo ha crecido mucho en este aspecto y tras la gira de su primer disco, Marlango, han aprendido a compenetrarse muy bien sobre el escenario y la sobriedad de Óscar a la trompeta se complementa con la candidez de Leonor al micro y el humor de Alejandro entre canciones.
La banda que acompaña al grupo, encabezada por el guitarrista David Gwynn, es el elemento que termina de dar forma al gran directo que Marlango tiene hoy por hoy y que hace buena el tópico de que los buenos grupos suenan mejor en directo.
Durante las dos horas de concierto tocaron todas las canciones del segundo disco y prácticamente todas las del primero lo cual ayudó a los seguidores que aún no han memorizado las nuevas canciones a implicarse en el espectáculo. El detonante para la entrada del público fue de hecho uno de los temas antiguos, Once upon a time, que el grupo tocó al ritmo frenético que le marcaron las palmas de los asistentes.
A partir de ahí todo fue mucho más sencillo y las pausas entre canciones pasaron de ser invitaciones a unirse al concierto o justificaciones sobre los nervios de los músico a convertirse en bromas entre Leonor y Alejandro que dieron un tono de humor al concierto que el público, entregado ya, agradecía con grandes aplausos.
Leonor intentó explicar el apoyo que con sus conciertos están dando a la campaña de Intermón Oxfam para el control de armas diciendo que el objetivo de ésta era que “gente como Alejandro no tuviera una pistola en casa” a lo que Alejando no pudo menos que contestar “lo que Leonor quiere decir es que hay que controlar quién compra las pistolas y para qué”, lo cual provocó grandes carcajadas entre el público.
Entonces comenzó lo mejor de la noche, Alejandro agarró la guitarra eléctrica y con Leonor al piano se acercaron al rock duro versionando una de las canciones más lentas del grupo, My love. Con la timidez olvidada ya, cada uno volvió a su instrumento y el I don´t care (no me importa) con Leonor correteando por el escenario pareció toda una declaración de intenciones.
El concierto había entrado ya en una dinámica sorpresiva que continúo con la versión de Vete, el tema de Los Amaya que han grabado en clave de jazz para la película Malas temporadas, con el que demostraron que el grupo también se mueve bien en castellano. En esta vuelta a la calma interpretaron también Madness y Enjoy the ride, uno de los singles del primer disco.
Entonces se apagaron las luces y con Alejandro al xilófono y el escenario lleno de velas y una neblina rojiza Leonor interpretó la siniestra Tip Toe, una canción que la actriz escribió con intención de nana pero que hace llorar a sus sobrinos y que según Alejandro “sólo dormiría a la niña del exorcista”. En esta misma línea intimista sonó Cry (‘llora’), con Leonor al borde del llanto y agachada cerca del público.
Antes de los ‘bises’ tocaron el single que da título al disco, Automatic Imperfection y el Pequeño vals, una canción que surgió durante el concierto de Barcelona de la anterior gira, y que todo el Palacio silbó al unísono. La ovación que siguió a estas dos canciones “obligó” al grupo a volver al escenario, sin Leonor, para tocar otro rato más.
Versionaron sin la cantante el clásico The beat goes on, y ya con Leonor interpretaron El último habitante del planeta, un tema de Nacho Mastreta, icono de la música independiente madrileña, y el segundo single del disco, Shake the moon, en un tempo que habría firmado el mismísimo Chat Baker, puro Jazz.
Entonces comenzaron a sonar en el piano de Alejandro los acordes de It’s all right, la canción con más éxito del grupo hasta la fecha y que consiguió levantar (¡por fin!) al público de sus asiento y hacerlos bailar al ritmo que el pianista imprimía a las teclas, más despacio al principio y más deprisa según avanzaba, consiguiendo un final apoteósico.
El público agradeció el concierto aplaudiendo en pie durante más de 5 minutos al grupo que se marchó a los camerinos con un sabor agridulce, el concierto había estado bien sí pero: ¿podían haber hecho más? A la salida del Palacio Leonor conversaba con algunos seguidores y les comentaba que probablemente volvieran a Madrid pero en una sala más pequeña que se adaptara mejor a la música del grupo. Esperemos que lo hagan.
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